Si hay un apartado de la musicología que todavía no se ha estudiado convenientemente es el mundo de la fonografía. ¿Cuanto nos hubiera gustado poder escuchar una grabación de violinistas como Corelli, Tartini, Viotti o Paganini? Desde hace años muchos músicos buscan interpretar la música tal y como debía sonar en su época, la "autenticidad"... Para ello se sirven de numerosos medios: instrumentos similares, estudio de las técnicas y tratados de la época,etc. Pero realmente lo que hacen es una posible recreación de como pudieron sonar esas músicas. Este problema desaparece cuando disponemos de la fonografía como ejemplo indiscutible de como sonaban. ¿Porqué no estudiamos más a fondo las grabaciones que han llegado hasta nosotros de grandes maestros del violín como Sarasate, Joachim, Auer, Ysaye,...? Las escuchamos como algo raro, exótico, que tiene mala calidad de sonido comparado con nuestros preciados discos compactos y que no pasamos de oir una sola vez. Pues bien, es hora de cambiar esa mentalidad y estudiar con profundidad estos fragmentos únicos e irrepetibles que nos dan a conocer la música de manera más importante que las propias partituras.
Un ejemplo sensacional para el estudio se encuentra en la reciente publicación por parte del Gobierno de Aragón de una colección de cilindros para fonógrafo de Leandro Pérez, impresor, editor, librero y pianísta. Grabado con motivo de una fiesta casera en el domicilio de éste último en septiembre de 1907, nos presenta un grupo de piezas de Saint-Saëns, Sarasate, Bazzini, Donizetti y Chopin en las que descubrimos a un violinista aragonés prodigioso: José Porta, más conocido como Pepito Porta.
Porta nació en Sariñena (Huesca) en 1890 y destacó como violinista desde los 6 años de edad. Sarasate lo escuchó cuando el pequeño apenas tenía 14 años y lo recomendó al profesor Cesar Thomson de Bruselas. Su carrera como maestro y músico maduro la desarrollo en la ciudad suiza de Lausanne, donde murió en 1929.+
Wenceslao Emilio Retana Gamboa fue un periodista, historiador, bibliógrafo y político español que en un fragmento de un escrito titulado "Unos días en Huesca, impresiones de un ex gobernador" nos hace un bonito esbozo bigráfico de José Porta con motivo de esa velada en la que lo conoció y que acontinuación reproducimos por su interés:
Unos días en Huesca: Impresiones de un ex gobernador
(Fragmento dedicado a José Porta)
Wenceslao Retana
En esta velada se me ofreció ocasión de conocer y de oír a José Porta, el virtuoso a quien están reservados, para fecha muy próxima, triunfos resonantes. Es un niño por la edad y un hombre por el carácter, pero sobre todo por la maestría suprema con que toca. Tiene muy escasa, aunque interesante, biografía y una muy extensa y compleja psicología: no hay un su espíritu un solo rasgo vulgar.
Hijo de hijos de la provincia de Huesca, el padre, médico; la madre, maestra de niñas. El padre dio señales de artista desde muy pequeño: a los ocho años tocó una misa en el órgano de la iglesia de San Esteban de Litera y el párroco, entusiasmado, le recompensó con una onza de oro. Toca bien el piano y es el único que acompaña a su hijo cuando este se halla en Sariñena donde nació el día 3 de diciembre de 1890. También el abuelo paterno fue músico distinguido: cuéntase de él que llegó a tocar treinta y dos instrumentos, si bien solo en uno descolló, el figle. A José Porta le viene, pues, de raza el sentimiento musical, y como si en él se hubieran alambicado las aptitudes de sus predecesores, el niño violinista ha llegado a rayar a una altura extraordinaria: en el Conservatorio de Bruselas (Meca de las que estudian el violín) ha obtenido la más alta calificación; allí se le ha consagrado con un premio extraordinario; ha sido la envidia de todos sus condiscípulos. Contaba Pepito (como familiarmente le llaman los que le tratan desde pequeño), cinco años, cuando a su madre se le ocurrió regalarle un violín de juguete que le costó tres pesetas. Pepe tenía ya nociones de solfeo y como al padre no le era completamente desconocido el violón, no tardó el hijo en aprender la escala, y después el No me mates y alguna otra cosilla tan fácil como vulgar.
Al cabo de unos meses, y con ocasión del día de Reyes, los Magos le trajeron todo un violín de cinco duros, regalo del padre, que barruntaba que su hijo tenia condiciones para tocar bien este instrumento y en ese violín de cinco duros comenzó a estudiar con cierta formalidad. A poco, fue a Zaragoza, con su violín y allí le oyó Don Teodoro Ballo, prestigioso profesor en la capital aragonesa. El violinista grande quedó prendado del violinista chico. Este tenía entonces seis años. El maestro Ballo declaró que poseía excepcionales facultades y, atento a esta declaración, el padre decidió, de acuerdo con el profesor, que Pepito fuera a Zaragoza, una vez por semana, a tomar lección de Ballo. Y así transcurrió una temporada. El niño Porta, desde el primer momento, llamó poderosamente la atención en la Escuela de Música de Zaragoza. La prensa le dedicó varios artículos. Porta era, sencillamente, un fenómeno. La crítica lo proclamó con rara unanimidad. Alentado por el éxito, el médico señor Porta, que no podía desatender la titular de Sariñena, decidió que su mujer se trasladase de asiento a Zaragoza con el niño, a fin de que ese estudiara con toda asiduidad. La señora de Porta renunció a la escuela y, con su hijo, fuese a vivir a Zaragoza. A partir de entonces tuvo Ballo en Porta el mejor de sus discípulos. Pepe estudió además de los cursos de la enseñanza; en todos ellos ganó lamatrícula de honor. Durante esta época, o sea de los nueve a los doce años, dio Porta en Zaragoza y otros puntos unos veinte conciertos y fue premiado siempre con entusiastas aplausos.
Seguía en Zaragoza, estudiando con ahínco, dando tal cual concierto, cuando acaeció la muerte de la madre. Y Pepe se trasladó a casa de unos parientes. Pero a partir de entonces el que, en todo, había sido estudiante ejemplarísimo, dos veces virtuoso, se echó a la banda, como se suele decir, en tales términos que el padre se lo llevó a Sariñena. ¿Por qué este cambio tan radical? No lo he podido saber. He interrogado a Porta inútilmente. Pero ciertas insinuaciones mías creo que me dieron la clave del misterio: Porta se enamoró, no sé de quién. No había cumplido los trece años: Y en Sariñena permaneció algunos meses, tocando, sí, pero sin maestro, cuando más falta le hacía.
Era grande lástima segar en flor una vida artística que se había desarrollado tan
lozanamente, que había sido bendecida por el dios Éxito. Y el padre le instó a que
solicitara, como en efecto lo hizo, de la Diputación provincial, ser pensionado en
el extranjero. La Diputación oscense reconoció lo justo de la demanda; pero para
obrar más en conciencia exigió del solicitante que una celebridad mundial del violín
certificase en regla que merecía tan señalada distinción. Y Porta padre y Porta hijo emprendieron el camino de Biarritz, donde a la sazón se hallaba Sarasate. Llegaron a Biarritz. El pequeño iba lleno de miedo; tenía la preocupación de que Sarasate, sobre ser hombre huraño, no gustaba de oír artistas precoces. El médico señor Porta habló a solas con el dios del violín y éste se prestó gustoso
a oír al que ya era un ángel del violín. Y Pepe, una tras otra, ejecutó ante Sarasate hasta cuatro obras del propio Sarasate.Y el maestro supremo extendió en el acto una certificación en la cual declaraba que José Porta poseía excepcionales
aptitudes, que prometía ser un violinista consumado, y era por lo tanto acreedor a la protección de la Diputación de Huesca. Y por añadidura Sarasate se brindó a Porta en los términos más cariñosos y expresivos. A partir de aquel momento, el dios del violín siente una singular predilección por José Porta.
La Diputación de Huesca incluyó en su presupuesto una partida de tres mil pesetas
anuales para pensionar al niño prodigioso. Y entonces este se trasladó a Bruselas.
En el bolsillo llevaba, con toda la religiosidad que se lleva un amuleto, una
carta de Sarasate para Thomson, el mayor maestro del mundo, que acogió a Porta
con afectuosidad verdaderamente paternal. Porta ha sido durante tres años el gran
mimado de Thomson. Y Porta ganó en el Conservatorio de Bruselas el premio extraordinario.
En la grabaciones que aquí presentamos apreciamos su carácter totalmente lúdico y realizadas a modo de recuerdo de una fiesta. Para nosotros son unas joyas de un valor excepcional y una manera de descubrir a un gran violinista de principios del siglo XX, hasta ahora desconocido.
Pepito Porta no suena muy diferente a lo que pueda sonar cualquier prestigioso violinista de nuestro tiempo. Porta no utiliza un vibrato único y uniforme en todas sus interpretaciones. Por ejemplo en el Rondo caprichoso de Saint-Saëns resulta notabilísimo como se ayuda del vibrato para acentuar ritmos en cada arcada. El sonido deficiente del cilindro que contiene la parte introductoria al rondo no nos permite apreciar los matices con claridad de esa sublime interpretación. Fantástica versión del Capricho Vasco y de la Jota de Sarasate: agilidad y claridad en la digitación, armónicos precisos, afinación perfecta en dobles cuerdas,... y todo ello con una encordatura en tripa que siempre presenta dificultades añadidas.
Su consumado arte con el violín lo muestra en el fragmento de la Fantasia sobre un tema de Lucia de Lammermoor de Donizetti: precisos pizzicatos con la izquierda, dedos ligeros y claridad en los fraseos con notas rápidas. Su dominio del arco se hace patente en todas las piezas y su lirismo y buen gusto en la adaptación del nocturno de Chopin.
La edición es correcta y hay que felicitar a Javier Barreiro aunque quizás nos hubiera gustado ampliar más la información sobre José Porta más allá de la que cualquiera puede conseguir en la red. También ha faltado algo de rigor musicológico en las notas de Joan Chic para desvelarnos cosas tan esenciales como por ejemplo que la Fantasia sobre Lucia de Lammemoor de Donizetti no es de Donizetti sino que se trata de una monumental obra para violín solo compuesta por Leon de Saint-Lubin (1805-1850), violinista de origen italiano afincado en Alemania y que fue alumno de Spohr.
En la página web del Patrimonio Cultural de Aragón esta disponible el libreto completo.
Agradecer la generosidad, tan poco habitual en estos tiempos, de José Ángel López Loriente, nieto de Leandro Pérez y que donó al Gobierno de Aragón toda su colección de cilindros fonográficos.
Por último, traigo un pequeño regalo para todos con este fragmento del Capricho nº16 de Paganini en versión de José Porta y acompañado al piano. Escuchar
J.Martín


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